
El pecado se
convirtió en mi pena de muerte, mi cielo se volvió gris, y mi caída
intencional, en la peor de mis equivocaciones. No puedo decir que te perdí,
porque estás aquí, pero sería injusto dejar que te quedes, cuando el ángel que
pintas en mí, no es más que una ilusión, no es más que un error que tu mente se
creyó. Yo nunca caí del cielo, créeme que del infierno también vienen sonrisas
hermosas, solo que no sabía que yo era una de ellas, no hago más que
lastimarte con mis ojos oscuros y
mentirosos, busca unos claros buenos y bondadosos, busca a tu amor verdadero,
que dentro de estas sombras no lo hallaras. Camina en los prados y disfruta del
cielo, no en estas cenizas, no en estos truenos.
S.R.
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