El corazón y la cordura, casi nunca se ponen
de acuerdo, dándonos constantes ordenes, queriendo decidir lo mejor para
nosotros, pero lo único que logran es confundir más los deseos del alma y
nuestra dignidad... a veces decimos cosas sin pensar, por impulsos del corazón,
otras veces pensamos demasiado por la sensatez de la situación, la primera es
un riesgo grande, la segunda es la opción segura, sin embargo pasaremos toda
una vida, con la constante duda, con la constante incertidumbre, de que hubiese
pasado si tal vez... si solo tal vez me hubiera arriesgado, si simplemente no
hubiese callado.
S.R.
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