viernes, 17 de febrero de 2017

Pensarte.

      Y si tu corazón late al compás del mío, no lo hagas parar jamás, será mi consuelo  cuando estés nadando en lo profundo de otros mares,  y las olas te alejen más de mí, ambos sabemos lo que sentimos, ambos vivimos el amor, ambos miramos al cielo buscando una razón,  para dejar de amarnos con tanta devoción, pero es un mismo cielo, es una misma luna, y aunque no estemos juntos, al verla sabremos que fue ella quién nos juntó, ¿Cómo no amarse aquellos que lloraron para encontrarse?.
     Nos encontramos de nuevo, el destino lo quiso así, ¿amarnos está mal?, ¿Amarnos está prohibido?, ¿Qué ocurre con las ganas de vernos? Y si el sol vuelve alumbrar nuestros días –cálmate- eso sería volver a empezar, volver a nuestro hogar, donde aprendimos amar y a soñar con el otro, como dos grandes artistas, que con un pincel nos enamoramos de la silueta que imaginamos en la luna de colores, representando una realidad, subiendo y bajando en el vaivén de los deseos.
     Volvimos a ver el sol salir -juntos- volvimos a reírnos por las mismas cosas, volvimos a perdernos entre palabras,  que como árbol viejo echaron raíces en nuestro hogar. Al caer el anochecer empiezo a extrañarte, empiezo amarte, porque como tinta indeleble, no te he podido borrar de las hojas de mi memoria, que van directo a mi corazón.
    Y así, incrementan mis ganas de buscar momentos que nos recuerden lo que fuimos…
    Busquemos canciones que al cerrar los ojos nos encontremos entre tonos y melodías, porque en mi realidad no te encuentro un lugar, son más mis sueños que no te dejan escapar.

    Otra vez sostengo mi lápiz favorito y desempolvo mi diario de hojas gastadas, vuelvo a la vida, porque recuperé lo que tanto busqué y no me percaté que te habías llevado… una parte de mi corazón y así también un mundo de inspiración. 
S. R.

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