jueves, 8 de junio de 2017

Una y otra vez


Es como si un día decidí parar un poco, ya saben, ir más lento, tenía esa sensación de querer ir a otro ritmo que el de los demás, pero resulta que quede muy atrás, y mi pasado me alcanzó, pedí ayuda, pero todos estaban muy lejos para salvarme, muy lejos para siquiera darse cuenta, de lo perdida que estaba, de lo atrás que me encontraba, las sombras tomaron el control, dejándome ciega, sin luz, sin brillo, corrí muy rápido para huir de todo aquello que me atormentaba, pero los demás habían tomado ventaja, tome más fuerzas y los alcance pero quede sin aliento,  no podía dar un paso más, tome otro descanso, me descuide, y volví a caer, más atrapada que nunca, pues esta vez, mis pies echaron raíces, por la comodidad me adapte a aquella situación de desesperanza, me adapte a aquel lugar que parecía estar destinado para que yo permaneciera allí, un lugar a donde todos los demonios van, en donde solo la hierba crece y los muertos respiran. 
Un día como cualquier otro, algo paso por mi mente, que no todo estaba perdido, que tal vez yo tenía una oportunidad, quise tomar el tren devuelta a la vida, pero los boletos se agotaron, tal vez no todo está perdido -pensé- podría echar a correr de nuevo, esta vez era más fuerte y aguantaría la jornada, que tonta era… Si fui más rápida, y más fuerte, e incluso más ágil de que lo que me esperaba, pero ir tan rápido no es bueno y menos si el camino es en línea recta, cuando vienen las curvas, tú no te das cuenta, no te las esperas, te caes, y obtienes un pase directo a la “zona vip” de los imbéciles. 
Otra de las muchas veces, paso algo peculiar, me congele en el tiempo, la caída fue inesperada, no lo vi venir, y quede helada, ante todo aquello, ya no tenía emociones, era indiferente ante todo, estaba muerta en vida, veía a todos a mi alrededor, viviendo, riendo, ya saben, siendo felices, pero aunque me mantuve callada, eso no significa que no sentía nada, sentía mucho más de lo posible, no podía sacar, ni expresar nada, no podía desahogarme con mi almohada, las lágrimas se mantenía en mis ojos bien abiertos, cansados de observar, cansados de cuidar, de tomar guardia, ante el peligro de los cazadores, en busca de mi alma, hambrientos de mi carne.
Tome una decisión, que la muerte no sería más la solución, decidí intentar de nuevo, una y otra vez como siempre, pero ya no tardaría tanto en reaccionar, en saber que lo que cuenta, es luchar hasta el cansancio, esforzarse más, de lo contrario volvería a aquel lugar… en donde del verde césped son negras espinas, en donde las flores de colores, son simples hierbas, en donde el sol no son más que reflejos del fuego que quema tu piel, en donde las risas son gritos en silencio de las almas perdidas, en donde el agua es la sangre que gota por gota cae de las muñecas heridas, en donde toda la vida es simple muerte resumida en lamentos, no quiero volver, quiero ser feliz!
S.R.

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